Primavera

‘Cuatro años y un día’, el nuevo libro de relatos del enguidanense Jesús Frías

Aficionado de muy joven a leer las historias de Robinson Crusoe y Lucky Luke, Jesús Frías, comenzó a escribir por motivos emocionales tras la muerte de su madre.

Enguidanense de nacimiento, a sus 57 años vive en Mislata impartiendo clases de Lengua y Literatura a chicos y chicas de entre 13 y 14 años. Una edad que él pasó en el internado ‘Colegio Beato Gálvez’ de Utiel, años en los que estudió pero también realizó alguna gamberrada que otra. Muchos momentos que cuenta con gran entusiasmo y que recoge en su nuevo libro ‘Cuatro años y un día’.

 

 

 

La Manchuela al Día: ¿De qué trata ‘Cuatro años y un día?

Jesús Frías:Es un libro de relatos creando una crónica de 46 capítulos sobre las vivencias en el internado ‘Colegio Beato Gálvez’ de Utiel, entre 1970 y 1974, años en los que yo contaba entre 12 y 16 años, y he de decir que en aquellos años no éramos ni mucho menos conscientes de lo que vendría después.

Muchos habíamos salido del pueblo, yo en concreto de Enguídanos, y en este libro he querido relatar todo tipo de sensaciones: lo que significa dejar tu hogar a los 12 años, empezar una nueva etapa, las nuevas amistades, las vivencias, y los sentimientos… Aunque, de todas formas, la mente es muy selectiva y te acaban viniendo al recuerdo los momentos más divertidos.

 

L.M.D.: Entonces, ha intentado relatar cómo vivió en el internado durante los 4 años que pasó allí…

J.F.:Sí, imagínate… Entre 12 y 16 años estudiábamos el bachillerato de entonces, pero también hacíamos alguna que otra gamberrada. He intentado mirar aquellos años por el retrovisor y ver donde hemos llegado.

Hay gente de la que no se esperaba nada que ha llegado muy lejos y gente a la que se le predecía un futuro extraordinario pero que luego no ha llegado tan lejos como se esperaba…

Ya sabes que ahora las redes sociales te abren muchísimas puertas y contactamos entre nosotros. De hecho hay un grupo en Facebook de gente que estuvo en este internado. Muchos con los que coincidí y muchos otros con los que no.

De Cuenca sobre todo éramos de Carboneras, Cardenete, Mira, Enguídanos… los pueblos por los que pasaba la línea férrea. Pero también acudían a ese internado gente de Valencia, Villareal, Elche… Debía tener muy buena fama para enviar a los chavales desde tan lejos.

 

L.M.D.: ¿Alguna historia en concreto?

J.F.: Allí pasamos 1.001 situaciones, algunas injustas… El frío de Utiel, una epidemia de paperas en la que nos levantábamos todos los días pensando si la íbamos a tener…

Entrabamos al cine a películas no toleradas para menores de 18 y 14 años, con un ejemplo de carnet de identidad de esos que venían en los monederos nuevos para indicar donde puedes poner el DNI y con él, sospechando que el portero a lo mejor no sabía de letras entrabamos varios amigos. El portero lo miraba, le decíamos que era provisional y para dentro. Una vez dentro decíamos que íbamos al baño y se lo pasábamos al siguiente compañero para que hiciesen lo mismo.

Hay veces que pienso cómo pudimos ser tan canallas de hacerle aquello a ese hombre, que un mismo carnet provisional sin foto nos permitía el paso a todos los amigos.

Fue una etapa de la vida que dejó bueno y malos recuerdos. De hecho, ha habido alguna etapa dolorosa que no he querido plasmar porque podía hacer demasiado daño.

 

L.M.D.: ¿Tiene contacto con gente de entonces?

J.F.: Como he dicho antes, las redes sociales abren muchas puertas, pero me hubiese encantado haber podido contactar con más gente del internado… además allí éramos todos muy solidarios… Nosotros teníamos un comercio en Enguídanos y recuerdo que cada vez que volvíamos al internado y deshacía el equipaje me encontraba que mi madre me había metido de todo, y entre todos juntábamos jamón, chorizo… por si pasábamos hambre… Porque entre nosotros éramos muy solidarios.

En el último año y medio que pasé allí vinieron muchos hijos de mineros en plan de becarios. Venían de todo el norte. Imagínate atravesar España para aparecer en Utiel…Entre nosotros no hacíamos distinciones de clases, pero sí que existía, por parte de algunos curas, esa diferencia y los miraban de modo diferente. Eso a mí me daba mucho coraje.

Y los momentos más dolorosos sin duda eran cuando a alguien le comunicaban la muerte de algún familiar. Un abuelo pues es ley de vida, pero cuando presenciabas la muerte de algún hermano estando lejos de la familia… imagínate lo que suponía…

 

L.M.D.: ¿Por qué el título ‘Cuatro años y un día’?

J.F.: Me pareció que era un juego de palabras, como cuando estas preso… Pero he de decir que estar allí no fue ni mucho menos una condena, y sí que es cierto que cuando veo a mis hijas pienso que durante esos años de doce meses viví con mis padres tres, pero bueno, ellos hicieron lo que tenían que hacer.

 

L.M.D.: ¿Cuándo lo publicó?

J.F.: Lo envié editar el día 2 de abril mediante un soporte al que subes el archivo, te lo imprimen según las características que elijas y te lo envían a casa. Está bien porque es fácil, pero si hay alguna errata de la que no te hayas dado cuenta te la comes.

Mis libros los autoedito así para que no salga tan costoso, por que en este país la cultura no se valora lo suficiente y cuando vas a editar un libro los precios son prohibitivos, cuando resulta que cualquier sandez se puede desgravar…

Luego hay gente que no sabe ni hablar, que por el hecho de asomar su cara a la televisión ya dicen que han escrito libros. Pero como somos un país que leemos poco… pues así nos pasa.

 

L.M.D.: ¿Tiene más libros publicados?

J.F.: Con este ya son ocho y siempre me muevo entre poemas y relatos cortos. Dediqué dos libros a Enguídanos y fue bastante emotivo, porque el primero se tituló ‘Enguídanos mi sendero de versos’ que contaba de 28 capítulos describiendo los paisajes de Enguídanos. El otro fue como una segunda parte, ‘Retratos de poesía’, que cuenta con 150 poemas que hablan sobre la gente de Enguídanos.

Después tengo otros tres libros de relatos y otros tres de poesía satírica, uno de ellos publicado en Navidad.

 

L.M.D.: ¿Alguno más en mente?

J.F.: Tengo pendiente una novela pero cuando empiezas a leer una siempre hay algo que te recuerda a otra ya escrita. Por eso, quizás en un acto de vergüenza, cuando intentas compararte con algún buen escritor e intentas escribir algo parecido a ellos, si luego resulta que no llegas a su nivel te da un poco de apuro…

 

L.M.D.: ¿Cómo comenzó a escribir?

J.F.: Empecé cuando murió mi madre. Sentí que no me había dado tiempo a despedirme de ella. Le escribí una carta y se la di a una de mis hermanas para metérsela en el vestido a mi madre.

Años después, unos meses antes de presentar el libro ‘Enguídanos mi sendero de versos’, en 2008, murió mi padre, y como no le había escrito nada como hice con mi madre, le metí el manuscrito de ese libro.

Creo que todo empezó ahí.

Sobre todo escribo lo que me dicta el momento, y no me gusta nada escribir por encargo, cuando alguien te dice “me tienes que escribir una poesía”; eso no me gusta nada, si surge, surge y si no, no.

 

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