Antonio Chicote, 25 años de párroco compartiendo alegrías y tristezas

Antonio Chicote, ‘Don An’ para los más pequeños de Buenache de Alarcón, Hontecillas, y Olmedilla de Alarcón, es el cura de estos cuatro municipios. Procedente de Los Hinojosos y con 59 años, ha sido el párroco de otros pueblos como Alcalá de la Vega, Salvacañete, el Cubillo y Algarra, además de haber estado tres años en Argentina de misionero.

El pasado día 8 de septiembre cumplió 25 años como párroco en Buenache, Olmedilla y Hontecillas, añadiendo Valverde del Júcar a su lista de municipios en los que dar misa e impartir clases de catequesis.

La Manchuela al Día: Ya son 25 años dando misa en estos tres pueblos de la Manchuela Conquense. ¿Qué supone esto para usted? Tendrá muchas historias para contar…

Antonio Chicote:Es una parte importante de mi vida. Es una parte de historia, o historias en general. Historias particulares, personales, a veces graciosas, a veces dolorosas, otras veces historias que te dejan sinsabores por que tu mismo no sabes dar respuesta o darle solución al problema que se le presenta a esa persona…

L.M.D.: Es el párroco de Buenache de Alarcón, Hontecillas, Olmedilla de Alarcón, y ahora también de Valverde del Júcar… ¿Se nota más trabajo ahora que le han dado la responsabilidad de ocuparse de este municipio que es más grande que los que ha acostumbrado?

A.C.:Si, se nota que Valverde da más faena. Tiene más gente, está la residencia de mayores, y el colegio con más niños que en Buenache, aunque al colegio he renunciado porque hay una chica dándoles religión y sería un poco egoísta por mi parte quitarle a ella ese puesto cuando yo tengo trabajo de sobra.

Además, llevaba unos cinco años sin casar a nadie y solo en Valverde ya tengo siete bodas programadas para el año que viene.

L.M.D.: Imparte clases de religión y catequesis a los niños, ¿no es así?

A.C.:Si, y dando clase es como mejor me lo paso porque lo niños son todo vida y alegría. Son el proyecto de vida y están con sus inquietudes y te hacen también revivir un poco lo que tú viviste.

Imparto clases de catequesis  a los niños en Olmedilla de Alarcón, Buenache de Alarcón y Valverde del Júcar, y algunos de esos alumnos hacen de monaguillos y leen en las misas.

Me gusta además que los niños vayan a misa y les “obligo” a los padres a llevarlos los domingos, porque si no, cuando van a hacer la comunión no saben las costumbres de la iglesia, no saben cuando deben sentarse, cuando levantarse, cuando dar la mano, cuando arrodillarse…

L.M.D.: ¿Si le cambiasen de destino donde querría que fuese?

A.C.:Eso puede variar, porque si me cambiaran ahora sería para ir a un sitio cercano de dónde están mi madre y mis hermanas. Si es dentro de cuatro años… entonces todo dependería de las circunstancias… si mi madre siguiera viviendo pues sería cerca de ella, y sino fuese así pues ya se vería, pero siempre está ligado a las circunstancias.

L.M.D.: A lo largo de 25 años habrá tenido  muchas alegrías y tristezas…

A.C.:Indudablemente hay muchas alegrías y muchas tristezas. Cuando uno lleva tanto tiempo rodeado de unas personas se les toma cariño.

Estos son fundamentalmente pueblo mayores y es una pena. En Buenache de Alarcón llegas el domingo y te encuentras con 15 o 20 niños en la sacristía y dan mucha vida. Dan alegría a estos pueblos tan envejecidos. Abres la ventana de casa a las 11 de la mañana cualquier día de clase y oyes a los niños en el patio del colegio. Eso da vida y alegría a los pueblos. Ellos son las alegrías.

En cambio, llegas a Hontecillas, que tienen unas 30 personas y está vacío, igual que quedará dentro de poco Olmedilla de Alarcón, e incluso Buenache.

En el aspecto de la muerte muchas veces tienes que actuar como psicólogo, intentando calmar a los familiares afectados en ese momento tan duro de su vida por haber perdido a un ser querido.

Hubo un chico de Buenache que murió en un accidente de trabajo, un chico muy alegre cuya muerte afectó mucho al pueblo y a mí. Ese caso fue muy fuerte porque era un chico que lo conocía desde recién nacido, fue el primero que bauticé aquí, y eso te produce un profundo y enorme dolor.

Las personas mayores por ley de vida sabes que tienen que morir, y aún así es duro. Hay quien piensa que te acostumbras a la muerte porque es lo que estás haciendo, pero no es así. Cada persona tiene un algo especial, y con cada persona tienes una relación y una historia distinta.

L.M.D.: Después de 25 años, ¿cómo han cambiado los pueblos de la comarca y sus gentes?

A.C.:Pues hombre fundamentalmente han cambiado bastante. Los dos primeros pueblos que fueron Olmedilla y Buenache han cambiado porque son pueblos que han envejecido, y aunque Olmedilla ha reabierto hace poco el colegio, lo han hecho con seis niños, mientras que cuando yo llegué había 30 niños. El no tener niños modifica totalmente el espíritu del pueblo. En cuanto a Buenache, más de lo mismo: cuando yo llegué había más de 80 niños, y ahora hay 22.

Es indudablemente que eso cambia los pueblos y conlleva que se han ido despoblando poco a poco. Hontecillas ya se ha quedado en la nada y no llega a 30 personas residiendo allí.

Este año en Buenache ha habido 22 entierros y de esos, ha habido siete casas que se han quedado vacías. En cuanto pasen cinco años más se queda el pueblo en nada.

L.M.D.: ¿Qué recuerdos tiene de sus años como seminarista?

A.C.:Mis años como seminarista se dividen en dos partes. La primera es cuando era crío y estaba en el monasterio de Uclés. Allí estuve seis años, por lo que viví esa parte en la que eres crío y pasas a la adolescencia, por lo que de aquella época recuerdo trastadas y picardías, y lo recuerdo con alegría, gracia, y agrado.

Luego pasamos al Seminario Mayor en 1974. Ese año se hizo una huelga protestando contra la selectividad y participé en ella… Fue para entonces cuando empezó el planteamiento: ¿Estoy preparado para el matrimonio o estoy preparado para ser cura? Ponías todo sobre la balanza y era una lucha. Tienes vaivenes, por delante tienes cuatro años de teología y es cuando puedes dudar si terminarla o no, pero me metí en la recta final que es cuando tomas la decisión más o menos firme, y hay que decir que no con una seguridad plena y total.

Pero después de 32 años de cura, creo que tomé la decisión correcta.

L.M.D.: ¿Cuál fue su primer destino y cuanto tiempo estuvo?

A.C.:Alcalá de la Vega, Salvacañete, el Cubillo y Algarra.

Algarra es, para mi gusto, un pueblo precioso, muy chiquitín. Cuando estuve allí tenía unas 30 personas, más o menos. Durante los inviernos pasaba por lo menos 15 días sin poder ir a otros pueblos.

Estuve 5 años y  después me fui a Argentina casi tres años.

L.M.D.: ¿Qué hizo en Argentina?

A.C.:Estuve en una ciudad llamada Resistencia, y me fui allí por una inquietud que yo tenía, incluso antes de ser cura: ser misionero, y conocer la teología de la liberación.

Después de estar allí casi tres años me volví de nuevo sobre todo por mis padres y la familia.

Aquellos años en Argentina hice muy buenos amigos, los cuales aún después de haber pasado tanto tiempo, me siguen enviando felicitaciones el día de mi cumpleaños, el día de mi santo y el día de año nuevo.

L.M.D.: Por el pueblo se le puede ver todos los días relacionándose con las gentes, en el bar tomando café y cerveza… ¿Se le puede considerar un cura moderno?

A.C.:Yo con Don Ángel, el anterior cura del Buenache de Alarcón, coincidí dos años. Cuando lo conocí era un señor mayor y enfermo, y la relación que tuve con él era una relación psicológica, como la puede tener un hijo con un padre enfermo.

Él era un hombre que siempre iba vestido con Sotana, y a mí eso nunca me ha gustado. Es en la vestimenta donde puede haber diferenciación y en sí considerarse uno moderno o no, por eso en la forma de actuar y de vestir, puede que sí sea un cura moderno.

La forma de decir el Evangelio o la Misa siempre se dice igual. En cuando a pensamientos, por poner un ejemplo, la iglesia está en contra del aborto y eso hace que yo esté a favor de lo que opina la iglesia. Aún así, yo no estoy en contra del aborto porque sea cura, sino por convicciones mías personales porque, para mí, todo lo que sea destruir la vida va contra mis principios.

 

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