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La FAP muestra obras de los últimos cuatro años del artista valenciano Sebastián Nicolau

  • La exposición titulada ‘Hilvanes’, que fue inaugurada por el diputado de Cultura, Francisco Javier Doménech, permanecerá en el Centro de Arte Contemporáneo de Cuenca hasta el próximo 17 de abril

‘Hilvanes’ es el título de la última exposición que ha abierto sus puertas en la Fundación Antonio Pérez (FAP) de la capital y que era inaugurada el pasado viernes de la mano del diputado provincial de Cultura, Francisco Javier Doménech, quien estuvo acompañado, entre otros, por el autor de muestra, el valenciano Sebastián Nicolau; el presidente de honor de la FAP, Antonio Pérez, y el crítico de arte, Román de la Calle.

Durante la inauguración, Doménech llamó la atención sobre el hecho de que con ‘Hilvanes’ el visitante va a poder admirar hasta el próximo 17 de parte de la producción artística de Sebastián Nicolau de los últimos cuatro años, con cerca de cuarenta obras, de las que una veintena conforman un gran políptico, otras doce son papeles de gran formato y cuatro esculturas.

Las piezas expuestas enlazan con los telones de hule pintados de gran formato que en su día hicieron referencia a los separadores de espacios de trabajo industriales, y que en esta ocasión se convierten en separadores cosidos por geometrías que en ocasiones generan dibujos, sujetan pliegues, o retienen dibujos de bocetos escultóricos en cartón.

De esta manera da un paso adelante en su iconografía de representación al tiempo que rescata de sus penúltimas series de cartones imágenes de enlace que poco a poco desaparecen, convirtiendo en autónomos unos fondos al servicio de una geometría de sujeción que, por otra parte, en las piezas finales, se hace menos rígida, dando paso a un dibujo libre en el que el color y el trazo se hacen más plásticos al sustituir el dibujo o el cordón con que lo realiza por pintura directa.

Los juegos ocultos que precisan los dibujos para su ejecución, la geometría trasera, necesaria para visualizar la de la obra, son también propuestas para el espectador pues contienen para el autor tanta información como la que se ofrece explícitamente.

Los dibujos, realizados con cordones, juegan a crear espacios en los que las sombras que teóricamente provocarían generan sensaciones de distanciamiento entre lo que se ve y lo que se interpreta, entre la realidad y la ficción, entre lo representado y lo físicamente real. Estos juegos, en los que se cuestiona la realidad, resultan potenciados en el gran políptico, en el que sobre un mismo fondo se establecen permutaciones gráficas que admitirían un desarrollo sin fin.

Las esculturas suponen un resumen de todo el proceso creativo bidimensional sintetizado en hierro pintado. Desde la escalera roja caminando, más cercana a los pliegues rectilíneos de los cartones anteriores, a la escalera negra cosida, suspendida entre la obra para pared y la escultura exenta, pasando por los grandes pliegues rojos de la gran escultura vertical, para acabar en la referencia al paisaje a través de la escultura de suelo Paisaje azul todas ellas cierran el montaje de la exposición que ha querido conservar la memoria del patio central que en el recuerdo de Sebastián Nicolau albergó en su oscuridad el gran esqueleto del megaterio o los caparazones de los armadillos gigantes.

En definitiva, una exposición que viene a enriquecer la ya de por sí variada y atractiva oferta artística de este Centro de Arte Contemporáneo, a la que se sumó el pasado 5 de este mes la muestra del mallorquín Pedro Oliver titulada ‘Neverisland Defense, Anthropos in the house’.

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